Para las redacciones del Gran Área Metropolitana (GAM), la región caribeña parece sufrir de un fenómeno de compresión geográfica inexplicable. A menudo, la complejidad de 9.188 kilómetros cuadrados de territorio, divididos en seis cantones con realidades abismalmente distintas, se reduce a una sola palabra: Limón.
Esta no es solo una imprecisión lingüística; es una mala praxis periodística que arrastra consecuencias sociales, políticas y económicas. Como editores y comunicadores, existe la obligación de señalar que el Caribe no es solo un punto específico en el mapa, sino una región diversa que exige ser nombrada con propiedad.
El error fundamental radica en el uso indiscriminado del nombre del cantón central para referirse a la totalidad de la provincia. Esta tendencia desdibuja la geografía regional y confunde al lector. Cuando un medio nacional titula una noticia ocurrida en las profundidades de Talamanca, en las llanuras de Matina o en Pococí como algo sucedido simplemente en «Limón», está borrando la identidad de las comunidades.
Esta falta de rigor ignora que entre el puerto y la frontera con Panamá, o entre las montañas del Caribe Norte y la costa, existen distancias físicas y culturales significativas. Al no diferenciar el cantón del resto de la provincia, el periodismo nacional construye una narrativa plana que impide al ciudadano entender las dinámicas propias de cada localidad.
Estigmatización e Invisibilización
Esta generalización sistemática genera un impacto negativo de doble vía que lacera el tejido social de la región.
El cantón central de Limón carga históricamente con una narrativa de violencia y conflicto. Cuando los sucesos policiales ocurridos en cantones vecinos —a veces a más de cien kilómetros de distancia— se atribuyen genéricamente a «Limón», se satura la imagen de cantón central con negatividad que no le corresponde. Esto refuerza prejuicios y castiga la inversión y el orgullo local de una ciudad que ya lucha contra sus propios desafíos.
La invisibilización de las periferias:
Al no nombrar a Siquirres, Matina, Guácimo, Pococí o Talamanca, se les resta relevancia en la agenda pública. Lo que no se nombra, no existe. Si una crisis de infraestructura en las llanuras del norte de la provincia se reporta simplemente como «Limón», se diluye la urgencia institucional de atender a la comunidad específica afectada, restándole peso a las demandas locales frente al gobierno central.
La falacia del nombre provincial: Una excusa para la imprecisión
A menudo, algunas personas justifican esta tendencia argumentando que, al ser «Limón» el nombre de la provincia, técnicamente no están faltando a la verdad. Este es un argumento que no se sostiene bajo el rigor del periodismo de proximidad. Confundir la división política administrativa con la geografía humana y social es un error.
Si aplicáramos esa misma lógica de «generalización por nombre de provincia» al resto del país, el mapa informativo de Costa Rica sería un caos de ambigüedad. Sin embargo, no lo hacemos. Existe una asimetría en el rigor que aplicamos según la latitud de la noticia.
Para entender la magnitud del sesgo en el Caribe, basta con mirar cómo tratamos a otras regiones.
Cuando un suceso ocurre en Ciudad Quesada, La Fortuna o Aguas Zarcas, ningún medio nacional titula: «Sucedió en Alajuela». Se respeta la identidad de San Carlos como una unidad geográfica y social con peso propio, a pesar de pertenecer administrativamente a la provincia de Alajuela. El periodista entiende que Alajuela (el cantón central) está a kilómetros de distancia y que la realidad del norte es distinta. ¿Por qué, entonces, un hecho en Matina o en Guácimo se etiqueta como «Limón»?
Sarapiquí, por poner otro ejemplo, representa la mayoría del territorio de la provincia de Heredia. No obstante, cuando reportamos una noticia generada allí, el titular dice claramente «Sarapiquí». Jamás veríamos un avance informativo diciendo «Gran operativo en Heredia» para referirse a un hecho ocurrido en Puerto Viejo de Sarapiquí. Se reconoce la distancia física y cultural que lo separa de la «Ciudad de las Flores».
Esta diferencia de trato evidencia que el «Limón-centrismo» no es un error técnico, sino un síntoma de lejanía mental. Para la redacción central en San José, San Carlos y Sarapiquí han logrado ganar su «derecho al nombre» en el imaginario nacional, mientras que el Caribe sigue siendo visto como una masa uniforme y distante.
No existe justificación editorial para que la precisión geográfica se detenga en el túnel Zurquí. Si somos capaces de distinguir entre los cantones de la zona norte o de la zona sur, estamos obligados —por ética y por respeto a nuestras audiencias— a reconocer que el Caribe está compuesto por seis realidades distintas. Seguir ocultando a Talamanca, Matina, Pococí, Guácimo y Siquirres bajo el nombre del cantón central no es «resumir la noticia»; es, simple y llanamente, borrar el mapa.
El valor de la precisión geográfica como ética
La georreferenciación precisa no es un capricho cartográfico; es un principio de ética periodística. La veracidad, pilar de nuestro oficio, depende de la exactitud de los datos. Brindar información imprecisa sobre la ubicación de un hecho es, en esencia, desinformar.
Además, la precisión es vital para el desarrollo de políticas públicas. Los datos periodísticos alimentan la percepción de los tomadores de decisiones. Si el periodismo no distingue las necesidades de un pescador en Cahuita de las de un bananero en Matina, contribuye a la creación de soluciones genéricas que no resuelven nada. La identidad cultural también está en juego: un pocociceño es tan limonense como un herediano es costarricense, pero su arraigo local es específico y merece respeto.
Llamado a la acción: Un compromiso con el Caribe
No es aceptable que se cubra el Gran Área Metropolitana con una lupa que distingue entre una calle de Curridabat y una de San Pedro, pero que al cruzar el túnel del Zurquí se utilice un lente gran angular que lo abarca y lo confunde todo.
El Caribe costarricense es una provincia de contrastes, de una riqueza multicultural inmensa y de cantones con personalidades jurídicas y sociales propias.
En tiempos en los que para ubicar cualquier cantón,distrito, barrio y hasta calle, está al alcance de cualquier persona con celular, invitamos a los jefes de redacción a editar con el mapa en la mano. Llamen a las cosas por su nombre. Digan Pococí cuando hablen del cantón más al norte de la provincia, digan Talamanca cuando hablen del que se encuentra más al sur, y dejen de utilizar a Limón como un cajón donde lanzan cualquier noticia (especialmete violenta) que ocurra al este del país. El respeto por la audiencia comienza por el respeto al territorio que se pretende informar. El Caribe no es un punto sin contrastes; es una región que exige ser vista en toda su complejidad.
La precisión no quita espacio en un titular; por el contrario, le otorga la profundidad y la veracidad que el público demanda y merece.
